domingo, 18 de mayo de 2008

Cigaleñada

Palabra que debería entrar a formar parte del Diccionario de la Real Academia Española de las Artes del Comer y del Beber, que debería crearse para disfrute de los aficionados y que complementase así a la Academia de Gastronomía, más seria y pomposa.

Pues sí, es un vocablo que me gusta y que ya pienso que sabéis a qué viene asociado.

Aparecimos, cual conejillos de Indias dispuestos a sufrir experimentos y ensayos vitivinícolas en nuestro cuerpo, a eso de las 13.30 en la puerta del quirófano, de la mesa en la que diversas operaciones iban a ser realizadas por el “cirujano” Andrés Conde y su equipo de probatura, que en este caso comprendía parte de la Peña El Sarmiento junto al lujo que supuso que se nos unieran dos personas a las que se las nota que también disfrutan de esto como son los amigos
Sobrevino e Idoia. Un placer.

La primera prueba que propuso Andrés se basaba en un Jura, el Château Chalon 1997 de Jean Macle. Se ha hablado mucho del estilo de esos grandes vinos españoles que son los que forman el Marco de Jerez y esta propuesta tira un poco por ese camino. Con una nariz intensa, punzante, con ciertos toques de salinidad el vino se muestra espectacular. Con menos alcohol (13% vol.) que los finos o manzanillas pienso que, en mi caso, es un vino que se puede beber más tranquilamente a dosis mayores. Con una boca bien estructurada y de buena persistencia, quizá menos potente que la de un buen fino o manzanilla, el vino deja un postgusto herbáceo, ligeramente amargoso, pero con una gran elegancia. Con unos platos de ibéricos la sensación que percibí fue de una plena satisfacción.

¿Y si comparamos ahora dos vinos blancos con cierto tiempo ya en botella? Mientras decíamos que sí aparecieron unas soberbias sardinas marinadas y unas anchoas bien ricas…Eran el preludio a dos vinos muy grandes, diferentes entre sí y que iban a deparar buenas conversaciones.

Primero empezamos por un Borgoña y se sirvió el Criots-Bâtard-Montrachet Grand Cru 1989 de Hubert Lamy. Un color amarillo potente muy bonito se muestra sobre la copa y la nariz aparece relativamente franca y directa desde un principio. Aromas de fruta madura, como en compota se combinan con tostados bajo un fondo de humedad y de apuntes minerales, empiezan a notarse aromas muy suaves de caramelo tostado, fruta escarchada. Muy compleja y muy buena…

Apareció también en la mesa un Marqués de Murrieta blanco Ygay 1982, que para mi estaba en nariz más parco que el Borgoña. Quizá matices más de orejones, pasas, todo algo más maduro…pero probando ambos en la boca, el Murrieta es una auténtica pasada. Una estructura y acidez apabullante, complejidad, densidad, volumen…hacen que a su lado el Borgoña que, aún estando tremendamente bueno, sea algo inferior. ¿Y la longitud del Rioja?...Pues eso, largo de narices.

Y mientras el mero iba desapareciendo del plato…jugoso, tierno, rebozado, sin artificios…como los tres vinos que llevábamos.

Desafortunadamente, nos salió defectuoso un Pommard 1981 Clos de Epenaux de Comte Armand, elaborador por el que desde luego siento un grandísimo respeto en esa parte de Borgoña porque me ha dado sobradas muestras de los excelentes vinos que hace.


Por tanto, se puede decir que el inicio de los tintos empieza ahora y fue con una propuesta soberbia: Paternina 1928. Habiendo hecho hace unos meses una interesantísima vertical de añadas antiguas de esta bodega con un resultado más que satisfactorio (al menos hasta 1964 desde mi opinión), reencontrarme con un Paternina de la década de los 20 no hizo si no llenarme de alegría…y más, después de probar el vino. Con un color atejado pero con una gran capa, la nariz empieza a mostrar unos perfumes que no muestran para nada agotamiento en el vino. No sabría muy bien cómo definir esa mezcla de aromas entre tierra y barro que tiene en sus comienzos el vino, no se viene abajo, va mostrando aromas de hojas secas, mucha madurez, traducida en la boca a la redondez, pero sin morir, a la viveza, al homenaje, un placer para los sentidos. Me pareció una gozada.

Más cálido y con toques golosos apareció el Viña Real Reserva Especial 1940. La cosa iba de tintos riojanos y ahora tocaba un exponente de una añada un tanto cálida, que se presentó como lo que suelen ser estos vinos. Mucha “chicha” detrás de ellos, con imponente capa, con más profundidad que algunos vecinos, ciertos toques golosos garnacheros. Largo, vivo…Una pena que se acabaran las dos botellas porque eran vinos tremendamente disfrutables.

¿Y los entrecots? Hubo que pedir tres…tanto hablar y disfrutar de los vinos que comíamos casi sin enterarnos. ¡Olé!

El siguiente y último tinto apareció a ciegas. Pero mostró una cosa bastante evidente (lo cual dice bastante a su favor) que enseguida dijeron algunas personas: Borgoña. Sí, olía a Pinot Noir. Y a suelo, y a lilas, y a violetas, y a trufas, y a piedras, y a chocolate, y otras veces frutillos, y mucha intensidad, y más…y un color rojo-rosáceo, no muy intenso. Y una boca eléctrica, nerviosa, mucha estructura, elegante, largo, profundo, evocador, te transporta allí, con necesidad de apaciguarse un poco pero ya tremendamente disfrutable a pesar de que no parecía tener excesivos años. Resultó ser un Échézaux 2002 de Domaine de la Romanée-Conti. Buena añada la que nos cambió el “cirujano”. Pues bien, sigo con la mente en Échézaux, en Vosne-Romanée…y pienso también en el otro, en el de las hermanas, que me enamora... Muy bueno también.

Quesos, hojaldres y helados aparecieron mientras una fantástica sydre Poiré Granit de Eric Bordelet se nos derretía en la boca. Hecha de peras, con más de 200 variedades distintas según indica la etiqueta. ¡Y no había gaitero por allí!

La traca final la puso Andrés Conde. Y nosotros tan felices, le dejamos hacer a él.

¿Cuál es el vino más viejo que habéis probado? Nos fue preguntando uno a uno. La conclusión es que ninguno llegaba a 1875. Pues dicho y hecho: Madeira Barbeito Malvazia 1875. Con sus 133 años desde que se vendimió esa uva y el “cabr%&$#” está con más aguante que yo. Está claro que las personas envejecen peor que algunos vinos…Siglo XIX.

El vino tiene un abanico aromático denso y amplio, pero es en la boca donde no encuentro palabras para definir las sensaciones y emociones encontradas. ¿Y para qué quiero describirlo? Eso digo yo. Disfrute.



Lágrimas había que echar tras aquella jornada en donde de nuevo, La Cigaleña la vuelvo a reivindicar como lugar de peregrinaje. Es mi religión. Amigos y buena compañía, buena comida y excelentes vinos. Y la bahía al fondo.

Simplemente: Gracias a todos los que habéis hecho posible semejante jornada.

Afortunadamente descansamos un poco y decidimos picotear algo por la noche allí mismo (hicimos un aperitivo con un Macon básico 2006 de Comtes Lafon delicioso). Unas ensaladitas, unas almejas deliciosas, mollejas y un pez de San Pedro hicieron las delicias de la mesa. Y también lo acompañamos con algo de líquido además de la siempre presente agua Solares.

El mágnum Volnay 1er Cru Les Champans 2000 de Domaine de Montille se mostraba tremendamente fragante en la nariz, muy perfumado, con flores, frutillos rojos, hierbas, ligeros toques de tostados, y bastante terroso. En boca el vino es muy sabroso, de medio recorrido, no excesivamente profundo, un tanino bien integrado y media acidez. Para mi estaba mucho mejor en nariz que en boca.

Lo mismo me sucedió con el siguiente vino: Goliardo 2006, un tinto de Rías Baixas elaborado con la variedad Caiño y que se mostraba curioso, atractivo en su media intensidad aromática, con una buena integración de aromas primarios y secundarios. En boca me pareció que estaba bebiendo un vino diferente al del resto de amigos que compartían mesa, ya que le notaba una acidez bastante mediana, pero allí se decía que tenía muy buena acidez. Sí aprecié, en cambio, un ligero amargor en el postgusto que no me desagradaba. Curiosa y diferente esta propuesta.

Y mientras se hablaba de lo divino y lo humano, del panorama vitícola, de otras zonas, de la amistad, de etiquetas de aquí, de los eunucos, de etiquetas de allá, de añadas, de la vida…

Terminamos con un Château de la Negly 2000, un vino del Languedoc mayoritariamente de Monastrell y con algo de Garnacha en esta añada, y que me resultó soberbio. Con gran potencia, de los del puño tieso como digo yo, pero no exento de elegancia. Tremendamente vivo y juvenil…me gustaría seguirle en un tiempo. Espero poder hacerlo.

Un saludo

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The Show Must Go On (Queen)

12 comentarios:

Olaf dijo...

Bu, lo que me he perdido, un DRC, un madeira de hace mas de 100 años, encuentro con SobreVino... aqui me tienes llorando delante del ordenador.
En fin, a ver si a la próxima peregrinacion puedo ir.
Saludos

Olaf

IGLegorburu dijo...

Las peregrinaciones ya sabes que son siempre peligrosas. Se llena todo de fervientes admiradores de la causa. Dan vueltas alrededor, tipo a La Meca. :-)

Una pena que no pudieras venir, pero ya habrá más.

¿Lo mejor?: Las personas.

Un saludo

J. Gómez Pallarès dijo...

Pues sí, pero el resto nos quedamos con las ganas de por lo menos imaginar a qué sabía esa malvasía centenaria!!! Menuda experiencia, chico!!! Qué pasada...
Saludos!
Joan

La Guarda de Navarra dijo...

No te voy a decir nada pues puedo llegar al insulto. Menuda ocasión para disfrutar por y para el vino.
Saludos varios.

Anónimo dijo...

Vaya nostalgia me entra al recordar momentos, verdad Ignacio?

Ese Madeira estaba en la línea de lo probado ahí en agosto?

Por lo demás nada que decir, como sé lo que es, pues eso, a disfrutar que de eso se trata y Andrés bien como sabe conseguirlo.

Saludos.

Anónimo dijo...

Glups, el anónimo anterior lo firma:

Víctor C.

mac dijo...

ya empezamos a preparar la siguiente edición...

IGLegorburu dijo...

Joan, sin duda es inimaginable y maravilloso. Es un vino de esos que te hacen amar al vino en s'i mismo...

Guarda, pregunta a SV y en la pr'oxima te espero. Asi nos insultamos mutuamente :-)

Victor, gratos recuerdos. A ver si se repiten.

Y sobre todo gracias a la buena compania y al excelente anfitrion que es Andres.

Estoy en un teclado muy British, por lo que las tildes y la letra que sabeis pues no aparecen.

Un saludo a todos

Sobre Vino dijo...

Iñaki y resto de Sarmientos,

Fue un placer compartir estos vinos con vosotros. Disfrutamos muchísimo de la compañía, y por supuesto de las botellas. Nuestra primera visita a La Cigaleña vendrá seguida de muchas más ¡seguro!

El nivelazo de los vinos fue impresionante, pero el Paternina 28 y el Barbeito 1875 quedarán grabados en nuestra memoria para siempre.

Un abrazo,

Sobre Vino
www.sobrevino.com

elbaranda dijo...

Iñaki,
después de leer tu comentario se ha producido un exceso de salibación e incremento gradual de caninos cercano a los descubiertos en el esqueleto del tigre "dientes de sable" que ha sufrido directamente el parquet de la casa.
La verdad es que entre La Meca y La Cigaleña, mi opción de peregrinación está clara ;-).
De ahora en adelante me pondré a comer mirando al norte, o ¿por qué no al sur, o al este...?
Y mi más sincera admiración ¡aún tuviséis "fuerza" para cenar, manda h...!
Un abrazo,
Mario.

Herr Direktor dijo...

Iñaki,

sólo tengo una cosa que deciros después de vuestra llamada el mismo día por la noche a las 23:30...cuánto cabrón!

;-)))

Por muchos años que podais (yo me apunto a la que me dejen!) celebrarlo.

Carlos Rodriguez. dijo...

Iñaki, a ver si puedo apuntarme a una de estas en breve.Hablamos
Saludos
Carlos