domingo, 27 de enero de 2008

Cuatro vinos, cuatro zonas, cuatro músicos: Un director de orquesta

Sin preámbulos:
Primer vino: Hermitage Blanc 2000 de Tardieu Laurent. El primer vino nos llevaba al Ródano norte, a un coupage de Rosanne y MarsanneUn Hermitage de intenso color amarillo con reflejos dorados, nariz intensa, ligeramente reducida en sus inicios, con aromas de manzana asada, fruta blanca madura, ligeros recuerdos a frutos secos y ahumados, con una mineralidad de fondo presente. En boca el vino es potente, bastante graso, dejando sensaciones tostadas y de fruta madura en el postgusto, con un ligero toque amargoso y una buena acidez que evita que resulte pesado. Con unas mollejas a la plancha creo que hizo las delicias de los comensales.

Segundo vino: Dugat-Py Gevrey-Chambertin Vieilles Vignes 2001. Uno de los músicos que estaban en este concierto propuso tomar un buen Gevrey , cosa que por otra parte me pareció magnífica y la misma opinión la tuvo nuestro director de funciones. Pasábamos del Ródano a la Borgoña y se buscó una buena melodía en este Dugat-Py que pienso que consiguió satisfacer los deseos buscados, con una importante tonalidad en la copa el vino se muestra esplendoroso en la nariz, con abundantes registros aromáticos a lo largo de las tres horas de concierto. Frutillos rojos, especias leves y hojas secas, hongos, tierra mojada y recuerdos de hierbas aromáticas y de notas florales. En boca es un cuchillo bien afilado, con una acidez tremenda, quizá necesitado de algo más de reposo, tanino vivo y una amplitud, largura y volumen grandes. Este Gevrey me sonó francamente bien. Y con esos tacos de atún rojo, mejor.


Tercer vino: Una vuelta por los Pomeroles más accesibles nos condujo al Château Vieux-Maillet 2000. Un vino muy bien terminado y muy bebible desde mi punto de vista, sin destacar en nada pero con todo muy bien puesto en su sitio, lo cual ya hace que para mi destaque. Fruta roja y negra madura se combinan con ligeros tostados, vainillas, cacaos, y aromas florales de violetas en sus inicios. Boca sedosa, nada angulosa, de mediana persistencia, con un postgusto en donde las sensaciones florales predominan sobre otros registros. Rico, rico. La parte rítmica la pusieron unos entrecots troceados. Como Charlie Watts y Bill Wyman en aquellos tiempos. ¡Qué buenos!



Cuarto vino: Egly-Ouriet Grand Cru Millesime 1998. Fin de acto. Fin de fiesta. Fuegos artificiales para acabar con este champagne espléndido en todo su apogeo. Burbuja fina y abundante, con aromas intensos a pastel de manzana, cítricos, crema y recuerdos a polvos de talco. Boca amplia, elegante y potente, acidez magnífica, con el carbónico bien integrado y muy largo, con cierta cremosidad en el paso por el paladar. Eran los bises del concierto.
Gran sabor de boca el que nos ha dejado a los cuatro músicos que intentamos interpretar estas sintonías.

Si se preguntan quién fue el director de orquesta. Un grande: Andrés Conde en “su escenario”: Bodega Cigaleña. Como aquel concierto de Sus Satánicas Majestades en la playa de Copacabana de Río de Janeiro en el 2006 (les recomiendo que vean el DVD si les gustan los Stones): Inmenso.

Gracias y magnífica jornada.

Un saludo
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The Show Must Go On (Queen)